Hace un año que mi situación laboral cambió. Este cambio me hizo empezar a viajar con más frecuencia. En todos estos viajes he tenido varios percances que han esbozado sonrisas en mis amigos al explicarlos. ¿Habéis oido hablar de la Ley de Murphy? pues creo que Murphy es amigo mío, o me ha cogido cariño y ha decidido acompañarme en mis viajes. Espero que os divirtáis.
domingo, 26 de agosto de 2012
Murphy como las Meigas - Haberlo haylo.
Estas vacaciones han sido muy interesantes.
He repartido mi tiempo entre la piscina de Madrid y los animales de Galicia. Eran una vacaciones orientadas a pasar un tiempo con mi hijo, que está descubriendo cosas nuevas y yo, a la vez, estoy descubriendo la jeta que tiene este tío.
Irónicamente, mientras viajaba a Galicia empecé a pensar en el tiempo que hacía que Murphy y yo no nos encontrábamos. Qué iluso!!!
No se si alguno de vosotros ha tenido alguna vez la sensación de mirarse al espejo y de repente descubrir que aunque tu espíritu sigue jovial y alegre, tu cuerpo ya deja entrever que estás en otra etapa de la vida.
Hace meses que contemplo como mi abdominal se impone al resto de órganos de mi cuerpo,y como cada mañana me saluda alguna cana más.
Hace unos días me llegó un informe médico donde me salía el colesterol por encima de la media establecida.
¿Cómo cambiar la situación?
Me propuse hacer algo de deporte este verano. No es la primera vez que me lo propongo, pero en esta ocasión decidí que ganaría yo.
Así pues, estando en Galicia me propuse salir a correr por la aldea donde estaba. Una pista, monte a través, con casas dispersas cada x km.
Me puse mi ropa deportiva, música en el móvil y a correr.
Empecé bien, tenía una bajada, pero a los 200 metros apareció una subidita y empezó a faltarme el aire. ¿y si vuelvo a casa? pero ese colesterol.... así que seguí corriendo.
Parecía que la sensación de asfixia desaparecía, hasta iba algo más ligero, así que seguí. Una recta, una pequeña bajada y otro repecho. De repente oí los ladridos de un perro. Primero me recibió un perro tobillero, uno de esos que le meterías una patada por "pesao". Seguidamente un pedazo de perro ladrando, suelto y sin bozal. Este imponía y tenía una pinta de mala leche que te echaba para atrás.
Decidí ignorar el perro y seguir corriendo. Bajadita, suave repechito de nuevo y llegué a la carretera comarcal.
El dilema, ¿por donde vuelvo a casa, sigo por la carretera o doy la vuelta por el mismo camino?
Como era cerca de las 22h decidí volver por el mismo camino, ir por la carretera comarcal sin ninguna prenda reflectante podía ser un peligro.
El camino de vuelta empezó con una subida constante, ya iba algo cargadito por la falta de costumbre y por la tirria que le tengo a esto de salir a correr.
Llegué a la altura del perraco este y volvió a ladrar. Que pesado, pensé.
Como medida de seguridad decidí alejarme algo del perro para seguir mi trayecto y de repente sentí un pellizco seguido de un tirón detrás de mi rodilla izquierda. Chillé, me giré y el perro soltó mi pierna y se fue asustado.
Me mordió el muy...
Quedaba un rato hasta llegar a casa y en lo primero que pensé después del mordisco fue "gracias Murphy, ya tengo un tema para escribir".
Para una vez que salgo a correr y me muerde un perro, hay que ser gafe, torpe o tener a Murphy como amigo. Todavía lo estoy debatiendo internamente.
El mordisco no fue a más, una pequeña cura, unos días con algo de dolor, antibióticos combinados con ibuprofeno y una herida de guerra para hablarlo con los hijos.
El último día de mi estancia en Galicia salí de mi pequeño Edén en las montañas y me dirigí a la ciudad para atender a mis servicios religiosos, como es habitual en mi, de cada domingo.
Satisfecho de mi mismo por haber completado mis tres horas de iglesia, como Dios manda, me dirigí a mi vehículo para regresar a mi refugio entre las montañas, cuando descubrí que mi coche tenía todo el lateral derecho raspado por otro vehículo.
El primer pensamiento fue, Murphy, con el perro ya tenía bastante!!! El segundo fue, voy a ver si tengo papelito en el parabrisas con los datos del seguro, pero antes de acabar de pensarlo ya vi que el parabrisas estaba vacío y tuve que recordarme a mí mismo que vivo en España.
Repasé muy brevemente y de forma interna la genealogía del conductor que había dejado su tarjeta de visita en mi vehículo y pensé ¿qué depende de mí?
Decidí que lo único que podía hacer era llamar a la guardia urbana y comentarlo, a ver si de alguna manera podría hacer que alguien cubriera el desperfecto.
Después de 2.000€ gastados en lo que llevo de año en mi coche, perderlo así me causaba algo de mal humor. ¿Pero que más puedo hacer?
La guardia urbana tardó unos 40 minutos en llegar y cuando vieron el vehículo me confirmaron que el causante del golpe había sido un autobús de la localidad.
"Estás de suerte" me dijeron los policías.
El Vehículo puede circular y he podido viajar desde Galicia a Madrid y viajaré de Madrid a Barcelona.
La noche del lunes al martes la guardia urbana me envió por correo electrónico los datos del seguro, de la empresa, del conductor y del vehículo que golpearon mi coche ese día.
Ahora toca esperar a que nuestras compañías de seguros se pongan de acuerdo y pueda reparar el coche sin adelantar dinero.
Ya veremos.
Mientras conducía hacia la montaña, buscando el fresquito de mis 20º en pleno mes de Agosto, pensé: Murphy, tú como las meigas que haberlas haylas!!!
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